Interrupción del embarazo ¿Un dilema moral o una doble moral?

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Llevo dos días dándole vuelta a este dilema. Me he ubicado en diferentes situaciones pensando: ¿Qué haría yo?, ¿Qué es lo correcto?, pero no logro darme una repuesta concreta.

Por ejemplo he pensado que soy víctima de un asalto. El ladrón está armado. Me intenta disparar. Hay un forcejeo. Un disparo. El ladrón muere. ¿Soy culpable de su muerte?, ¿Alego legítima defensa?, ¿Era eso lo correcto? Me contesto en estas circunstancias era mi vida o la de él y opté por mi vida.

¿Pero igual una persona murió? Es verdad. Nada es absoluto. La vida me puso en esta situación y tomé una decisión. Nunca orquesté un plan para acabar con su vida. Solo ocurrió. Estábamos los dos en el lugar y el momento equivocado. No debía ser, pero fue: maté a alguien.

Es un caso hipotético, pero voy a ser sincera, solo pensarlo me hace sentir mal. Matar a alguien no es una idea agradable y tampoco es una idea que andemos pregonando. Aunque algunas veces conmocionados por el enojo, la rabia y hasta el dolor, lo hemos pensado. Concretarlo o no, nos diferencia de los otros.

La pasividad social

Y dejar morir: ¿es igual o peor? Tener las posibilidades de ayudar a alguien, salvarle la vida, pero no hacerlo. ¿Podría dormir después de quedarme pasiva, sin actuar, paralizada, dominada por el miedo? Creo que no. Soy sincera. No es posible que seamos tan crueles.

No crean que maté a alguien, para nada, pero creo que yo y hasta ustedes si hemos dejado morir. ¿Cuándo?, ¿Por qué?, se preguntarán. Permítanme decirles que en los últimos trece años nos hemos quedado de brazos cruzados mientras unas mil mujeres (2006 – 2019) fallecían ante la falta de una figura jurídica que permita a un grupo de médicos practicarle una interrupción del embarazo.

Además, porque aun cuando existe una Iniciativa ciudadana de ley de interrupción del embarazo por causas de salud, no la hemos apoyado para que se convierta en Ley. Entonces producto de nuestra desidia esas mujeres han fallecido.

Me dirán: “No es lo mismo”.
Y les pregunto: ¿Por qué?
Y me hablarán del derecho a la vida y de su oposición (algunos) a interrumpir un embarazo alegando que en el vientre de esas mujeres hay vida.
Y diré: Esas mujeres son seres humanos y tienen derecho a la vida.

Luego mencionarán algunos versículos de la Biblia y responderé: ¿Por qué matar a un ladrón para salvar tu vida es moralmente aceptable y porque interrumpir un embarazo para salvar tu vida es moralmente condenable? Si nos remitimos a la Biblia al final dice: No matarás.

Pero también la Biblia nos dice que la factura es dividida y cada uno va a rendir sus propias cuentas; que matar no es sólo agarrar un arma y dispararla, es también actuar por omisión; que Dios nos enseñó a amar al prójimo; que Dios es misericordioso y que solo aquel que esté libre de pecado puede tirar la primera piedra. Y Dios quiere que tengamos vida y vida en abundancia.

¿Pero será que Dios quiere que demos vida y dejemos a otros sin su madre, abandonados a su suerte, sin una vida digna, expuestos a vejámenes?

El lado del mal

Pienso que el problema es que vivimos en una sociedad moralista. En realidad doblemente moralista. Una sociedad que no quiere estar del lado del mal, pero que es una sociedad deshonesta. Con ciudadanos que tienen sus propios trapitos sucios, pero salen en público actuando en nombre del bien. Señalando, lapidando, todo por desviar al ‘ojo que todo lo ve’.

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